La mujer manejaba con habilidad la tela, haciéndola pasar bajo las agujas de la máquina de costura, cuando oyó la puerta del apartamento sonar, su marido llegaba del trabajo y dejó su labor para después; se levantó y saludó a su esposo con un beso diciéndole:

- Estoy preocupada por Osdalgia, anoche se escapó de nuevo y se fue a la plaza donde se celebraba un festival de música. ¿Qué vamos a hacer con esa muchacha? -

El marido no le contestó, era un oficial de la marina mercante cubana y sus estudios en historia, lengua y ciencias sociales, le hacían ver con una preocupación especial los devaneos de su hija de apenas 16 años, cuya afición a la música la llevaba a desobedecer continuamente a sus padres y tener una fuerte iniciativa que causaba dolores de cabeza a aquellos.

Los padres no sabían que aquella hija suya, Osdalgia Lesmes, nacida en la Cuba de Castro en 1970, llegaría a ser conocida como la “Voz de Cuba” y “La Reina del Bolero”.

No cabe duda que las décadas entre los años 40 y 60 del siglo pasado fue la “Época de Oro” del género musical conocido como Bolero; su éxito se extendió a latinoamérica, Europa y Asia y obedece a que llegó en un momento oportuno, cuando se estaba dando un fuerte fenómeno de migración del campo hacia las ciudades y las tecnologías de reproducción musical como el fonógrafo, la radio y la televisión, permitian llegar la música grabada o en vivo a mayor cantidad de personas y si bien, al pensar en el bolero, muchos de mi generación, lo hacemos trayendo a la memoria los grandes tríos o cuartetos musicales, la verdad es que el bolero durante esos 30 años, tuvo muchas evoluciones y se fue adaptando a las diversas culturas musicales de las regiones donde penetraba.

En México, el trío los Panchos tuvo una gran influencia en la difusión del bolero, presentando una nueva forma de musicalización, armonías de voces, diferentes conceptos tonales en la guitarra y la introducción del requinto. Además del bolero de tríos, se destaca el bolero ranchero, acompañado de mariachis, entre sus intérpretes: Javier Solís, Pedro Infante y en menor medida José Alfredo Jiménez.

En Puerto Rico, por su lado, llega el bolero moruno con cierta influencia de gitanería, música de lamento que algunos llegan a llamar lloriqueos; en Perú, Bolivia y Ecuador la trama del bolero son la tragedia y el alcohol; en Colombia surge el bolero vallenato, con tintes campesinos; en Nueva York y en Santo Domingo adquiere influenciar el bolero/salsa y en Cuba, existen también boleristas destacados entre los que cabe mencionar a Bienvenido Granda y Celia Cruz.

Pero otras influencias tuvo el bolero durante esta época, las grandes orquestas norteamericanas como Glenn Miller, Benny Goodman, Luis Armstrong, Andy Russell y otros, influyen en el Caribe y en Latinoamérica y en México podemos encontrar el acoplamiento de esta música al bolero, con Luís Alcaraz, Pablo Beltrán Ruiz o Dámaso Pérez Prado entre otros.

Otros aspectos influyeron en la composición del bolero pues este tuvo influencia de la música brasileña y norteamericana, esta última a través de la Cuba de Batista en donde surge un movimiento conocido como Filing en el que las tonalidades del Jazz se entremezclan con el bolero y los tonos naturales se empiezan a mezclar con tonos disminuidos y transposiciones que empiezan a dar al bolero un carácter especial, surgen así autores en México como Álvaro Carrillo y Armando Manzanero.

Así como el bolero nació bajo ciertas circunstancias sociales, a finales de los años sesenta, los cambios en la política y la sociedad, parecen marcar el declive de este género musical.

En esa época encontramos un contexto histórico que no favorece a la música romántica: un mundo nuevo que va creciendo, la Guerra Fría, el conflicto de Vietnam, los movimientos estudiantiles y el afroamericano y otros factores, dan impulso a las ideologías que relegan al romanticismo y al contacto personal e íntimo que se expresa en el bolero y es así como surge una nueva forma de expresión musical: Rock and Roll, Twist, Música de Protesta, la Trova, todo esto con contenido social y militante.

Así el bolero se fue apagando y Pudiera decirse que moriría como sucedió con otros géneros musicales como el Vals, el Foxtrot, el Chachachá o la Zarzuela.

Desde principios de los setentas hasta 1990, se puede afirmar que el bolero continúa en decadencia; en México surgen autores que dan preferencia a la balada romántica como son Juan Gabriel, Napoleón, Emannuel y de fuerte influencia a pesar de ser españoles Manuel Alejandro y Pérez Botija.

Pero la tecnología vino a ayudar al bolero y a finales de los años 80 la digitalización permite reeditar los grandes éxitos que revive lo hecho por grandes intérpretes de la época como los Dandys, los Tres Ases, Toña la Negra, y evidentemente los Panchos.

Ya en los años 90 nuevos ídolos incorporan el bolero a sus repertorios con una calidad musical muy superada. Ejemplos muy claros de esto son Luis Miguel, Charlie Zaa y Gloria Estefan, entre otros.

En el presente siglo, en México, Natalia Lafourcade, se ha dado a la tarea de dar nueva vida a boleros de hermosa creación y la jazzista Bettsie Pecanis (QPD) que, con singular maestría, llevó al blues la música de Agustín Lara y qué decir de la cubana Osdalgia a quien me refería al principio de esta aportación y cuya música tuve el agrado de escuchar mientras escribía este artículo.

El Bolero ha subsistido porque al fin de cuentas expresa la naturaleza humana que es perenne, el romanticismo con sus encuentros y desencuentros, la adoración del ser amado, el efímero placer de un fugaz encuentro, la traición y el cariño duradero, son relatos que surgen de las letras del bolero y esto le da permanencia.

Demos entrada a nuestras vidas al Bolero, que es parte de nuestra integridad latina y, mientras tanto:

¡Salud!

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